24 dic. 2017

Dulce Patria y las canciones de la radio

Mauricio Jurgensen, Dulce Patria (2017)
¿Qué podrían tener en común Pablo Herrera, Camila Moreno y Fiskales Ad Hok? Aparentemente poco o nada de no ser por la etiqueta de "música popular chilena" que son esas canciones que conocimos en las FM y que podemos tararear. El periodista Mauricio Jurgensen reúne en su primer libro decenas de historias sobre música, músicos, la radio y canciones de Chile. 

Durante muchos años el autor/cronista se ha manifestado como crítico musical en distintos medios (como el diario La Tercera) hasta su llegada a Radio Cooperativa para conducir 'Dulce Patria' programa dedicado a la música nacional. Fue en este proceso donde le tocó entrevistar a músicos con los que en el papel -de crítico- había sido a veces "duro" y también desarrollar una conversación más instantánea como lo permite la radio versus la velocidad del titular para el papel. Nada como tener a los protagonistas frente al micrófono y contextualizar con canciones, una serie de conversaciones que recupera para construir su primera publicación en librerías. 

'Dulce Patria; Historias de Música Chilena' (Ediciones B, 2017) es el punto de vista del autor sobre distintos contextos y casos de la "música popular chilena" en nueve capítulos divididos conceptualmente. En este caso el relato es armónico y las entrevistas -extraídas mayoritariamente del programa radial- actúan como fieles testigos de la experiencia que les ha tocado vivir. Lo curioso es que la selección traspasa gustos personales, barreras, popularidad y méritos porque va desde Alberto Plaza a Cristóbal Briceño (Ases Falsos) o de Tito Fernández a Weichafe, aunque parezcan tan distintos en toda esa música hay algo de Chile.

La "música popular chilena" es una variedad de folclore, cumbia, rock-pop, baladas románticas y canciones contestarías que han hecho memoria de este país "porque la música es abierta y libre" dice Manuel García, uno de los mejores conversadores que aparecen en 'Dulce Patria'. Aunque en el texto también hay paso a voces nuevas y otras que, me atrevo a reflexionar, no van a importar más allá de su tiempo. Pero en este texto no hay juicio, en ese sentido este es un relato amable, bien concebido con la personalidad del autor y bastante útil para la (re) construcción de la memoria histórica de una patria musical, una misión que es parte del legado de las radios y los libros y que Spotify no puede reemplazar. 

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