22 dic. 2006

El Periodismo que Queremos

Pamela Díaz entra a la Iglesia convertida en una Princesa de la Cultura Pop nacional. En las afueras del altar los conductores de Primer Plano comentan todos los detalles y la sintonía se encumbra cada vez que ingresa un nuevo protagonista televisivo. Esa es nuestra televisión, eso es lo que la mayoría elige, lo que muchos disfrutamos y para eso está Pamela, Patricia, Jordi, René, para entretenernos. El que espera un análisis político o una reflexión más profunda de cómo la pantalla chica idiotiza existen un montón de textos disponibles en Internet en los se pueden interiorizar. El mismo material que supongo han utilizado algunas figuras mediáticas que suelen defender, y repetir, en su discurso sobre cómo hacer buena televisión. Me refiero directamente a esas figuras que suelen posar en los pasillos del Teatro Mori, que se reúne en el Tavelli del Drugstore y cita constantemente en sus conversaciones a la última obra del indie folk. No es necesario esperar que Pamela publique un libro para enseñarle a gran parte de la televisión de manejo mediático, la joven modelo es una autodidacta de las comunicaciones y precisamente es su gran ventaja por sobre la mayoría de sus compañeras de pantalla. "Qué admirable dominio tiene la Chica, habla cuándo quiera y con quién le da la merecida gana". En eso, ella es insuperable. Pero no esperemos más, el rol de la ahora esposa de Manuel Neira es hablar, modelar, reír, entretener. No es ella la que debe proponer un nuevo cambio generacional ni orientar a los grandes ejecutivos de cómo se hace televisión. Quizás desde su lugar podría ser más fácil discutir con el Director de cualquier canal, pero estamos muy lejos de su figura, por lo que sólo nos queda ser coherentes, constantes y porfiados, a la espera de que alguien quiera escuchar y este dispuesto a apostar por alguna nueva alternativa en su programación. Un espacio contracultural que represente de cierta manera a todos aquellos que trabajamos fuera de las instituciones públicas o grandes consorcios privados. Una ventana que permita mostrar distintas manifestaciones artísticas que por calidad y representatividad merezcan mayor difusión. Con periodistas y productores inquietos, interesados, presentes, y no un equipo de profesionales que buscan en las revistas de moda nuevos nombres de representación “vanguardista” o “anti comercial”. Pero para algunos es más sencillo dejarse pautar que investigar en terreno los nuevos movimientos artísticos, sociales y motivaciones culturales que esconde la capital. Hay una obsesión por algunos medios de comunicación por distanciarse del resto, sin embargo la pauta sigue siendo la misma. Para ser más claros, podemos comparar las páginas dedicadas a Javiera Mena y Sinergia, ambos músicos locales con nuevo disco. La relación parece un poco extraña, sin embargo les recuerdo que la prensa musical es la misma. Al parecer a muy pocos les importa saber que Sinergia es una de las pocas bandas chilenas que viven de la música, y que “corta boletos” en sus presentaciones, masivas por cierto. Y aunque Javiera tenga sus propios méritos la medición parece injusta y desproporcional pensando en la cantidad de seguidores de ambos. Pero para ventaja de la autora de “Esquemas Juveniles” su música es más gusto de periodista “de medio” que el popular conjunto. Todos tienen méritos y merecen espacios. Las modelos profesionales y las que solo viven de la polémica, los buenos periodistas y aquellos que trabajan al día para cumplir. Total sabemos que algún día las diferencias serán tan notorias que será innecesario entrar a calificar. Pero por ahora la situación es, casi dramática. Me sobran dedos de la mano derecha para contar programas dedicados al arte en la televisión abierta, mientras en mi mano izquierda intento reconocer los programas más acertados del cable. Poco, en horarios muy vespertinos, y pautas poco alentadoras. Por ejemplo hay espacio en el cable en la que la animadora dedica al menos 18 minutos en mostrar su sonrisa y el vestido que usa para presentar la siguiente nota. Vergonzoso. Yo no le pido a Pamela Díaz que cambie la televisión, menos que la mejore. Pero si espero más de todos aquellos que trabajan en el sistema y que suelen frecuentar las alternativas nocturnas de Santiago. No sólo para posar están las cámaras, si alguien tiene la oportunidad que aproveche su minuto y cuestione, piense, reflexione y proponga, pero con ideas propias. El periodismo es la actividad de recolectar y publicar información relativos a los hechos de interés colectivo, pero Pamela no es periodista, entonces ¿quién hará los cambios?