Por distintas razones no toda la música llega a Spotify, siendo el principal motivo los derechos fonográficos que no pertenecen a los artistas sino que a los sellos. La mayoría de los discos del siglo pasado son de propiedad de las compañías discográficas que financiaron la grabación y que tienen en su poder la reproducción y comercialización de la obra, entonces muchos álbumes permanecen guardados o perdidos en las antiguas bodegas de una vieja industria jubilada.
Durante décadas muchos jóvenes músicos soñaron con firmar con una compañía de discos como el paso necesario para dar a conocer su trabajo. Aunque entre la inocencia y ansiedad firmaron contratos abusivos y desfavorables en los que el sello se comprometía a invertir en la grabación y marketing pero solo pagarían un porcentaje mínimo de las ventas (la mayoría por el 5%) y que, legalmente, serían los dueños fonográficos de sus producciones. Los jóvenes músicos firmaron sin mucha conciencia, asesores ni noción de lo que eso significaba.
"Yo era un músico que quería hacer su trabajo. Y cuando hay un sello grande como ése, uno lo que quiere es decirle a la mamá 'Mira, mami, saqué un disco con este sello'. No te das cuenta de lo que estás firmando. Y después es un proceso: vas aprendiendo las cosas que no te gustan" decía Joe Vasconcellos a EMOL después de su conflicto contractual con EMI que comercializó un disco de grandes éxitos de sus temas junto a un detergente.
Los sellos serían los principales beneficiados de la reproducción comercial de los discos, aunque como inversores no siempre ganaron, hubo discos y proyectos en los que perdieron mucho dinero, sin embargo como ganaban mucha plata con su catálogo internacional (Madonna, Beatles, Chayanne, U2, Pink Floyd, Michael Jackson) por derroche tenían presupuesto para correr riesgos y equivocarse con los fondos de una empresa multinacional. Puro libre mercado, con la competitividad y abusos propios de su sistema.
En esto proceso tan lucrativo de los años 90's hubo discos que fueron fracasos comerciales pero con el paso de los años han sido revalorados por coleccionistas y nuevos fanáticos sobreviviendo entre Youtube y sitios de descargas.
Aunque también hay álbumes de nombres comerciales como Myriam Hernández o Douglas que no están en Spotify, perjudicados por el descuido de quienes administran hoy los derechos de reproducción de algunos de sus discos. Hay placas (grabaciones) que se perdieron entre los cambios y ventas de los distintos sellos (BMG y EMI fueron absorbidos), mudanzas de bodegas, ejecutivos retirados, contratos desactualizados y el propio paso del tiempo. Así como en el 2008 se perdieron discos originales de Nirvana y Elton John durante un incendio en unas bodegas de Universal Music, así de frágil es el asunto del máster.
Por negligencia de la propia compañía “El resplandor” de Carlos Cabezas tiene su máster perdido, antes en propiedad de EMI y actualmente Universal que compró su catálogo, mientras que otro disco muy poco vendido como “Play” ('97) de Solar fue recuperado y subido a Spotify directamente por el grupo que guardó una copia de la grabación. En la recuperación de muchos discos perdidos por la industria han sido vitales los fanáticos y coleccionistas que comparten sus archivos, entre el rescate artístico y nostalgia personal, que permiten que sigan circulando a pesar de la inactividad de sus intérpretes e involucrados.
Hace unos años cuando murió Francisco Valenzuela, vocalista de La Rue Morgue, cientos de personas compartieron en sus redes las canciones de su primera producción ('96) conservadas en cassette y CD, o más accesible en su versión digital en Spotify, cadena de homenajes donde muchos reclamaron por la ausencia en plataformas de sus otros dos discos (incluyendo “Kaleidoscopio” en manos de Sony) que solo se pueden encontrar en Youtube gracias a sus seguidores. Pero un número de escuchas quizás poco llamativo para la compañía concentrada en las reproducciones de los lanzamientos urbanos que concentran las escuchas digitales.
Pero el formato físico ha demostrado una relación, perdurabilidad y afecto que la música digital no tiene, y en eso el valor de un CD, cassette o vinilo sigue teniendo sentido. Y todo el conocimiento y el gusto musical tiene que ver entre con el acceso (sea por la nostalgia, intéres o simple curiosidad) por eso independiente del resultado lo primero es publicar la música y que sea su público -o posibles auditores- el que decida darle play o valor a ese rescate, sin un objetivo comercial sino que por lo que representa.
EL RETORNO EN VINILO
También a partir del año 2012 las compañías multinacionales residentes en Chile (Universal y Sony con excepción de Warner) han reeditado en vinilo varios de los discos más reconocidos del rock nacional, con reposición constante en tiendas de las discografías de Los Prisioneros, Los Tres y Los Bunkers, las bandas de rock chileno con mayor fandom y melomanía.
Por otro lado la trilogía más comercial de Illapu (Vuelo amor..., En estos días, Multitudes) y el debut de Myriam Hernández, aunque sus siguientes discos solo se encuentran sus ediciones en LP de época editados en el extranjero.
DISCOS CHILENOS QUE NO ESTÁN EN SPOTIFY
De Kiruza - Presentes (1991)
Banda Pequeño Vicio - Frenético en vuelo (1991)
Myriam Hernández - III (1992)
Ariztía - Ariztía (1992)
Myriam Hernández - IV (1994)
Ariztía - Sin límites (1994)
Congreso - Por amor al viento (1995)
Bambu - Bambu (1995)
Jano Soto - La luz del cuerpo (1995)
Anachena - Sicobélica (1995)
Sol Azul - Historia leyenda (1996)
Ariztía - Cielos vacíos (1996)
Los Peores de Chile - Trece mordiscos de amor (1997)
Huaika - Magia olvidada (1997)
Jardín Secreto - El sonido de existir (1997)
Douglas - Cariño malo (1997)
Makiza - Vida salvaje (1998)
La Rue Morgue - Kaleidoscopio (1999)
Douglas - Serenata A La Luz De Los Ángeles (2000)
Varios - Tributo a Los Prisioneros (2000)
Varios - Después de vivir un siglo, tributo a Violeta Parra (2001)
Canal Magdalena - Canal Magdalena (2001)
Stereo 3 - Partir de cero (2001)
Pali - Electrocardiograma (2004)
Douglas - Íntimo (2004)
Pali - En frecuencia (2006)

