16 oct. 2011

¿Violeta se enojará en el cielo?


Entre homenajes y tributos el nombre de Violeta Parra ha aparecido el último año en una serie de discos, conciertos y hasta un filme dedicado a su vida, lo cierto es que ninguno con el peso y pasión disidente de la artista original. Y Violeta está lejos por lo que no sabemos qué opina de que algunos estén usando su nombre y lucrando con la marca de su legado.

Siendo poseedora de las más profundas y populares canciones de la música chilena (Gracias a la Vida, Volver a los 17, La Jardinera) gran parte de la obra de Violeta estuvo pérdida por décadas. Violeta fue escondida y disfrazada por la institucionalidad y el mal manejo de sus herederos permitió que los mitos en torno a su figura ganara más voz que sus composiciones. Entonces fue la argentina Mercedes Sosa  la que se apropió de 'Gracias a la vida' y la cantó por el mundo, mientras la fundación tomo el control del repertorio con una posición tan proteccionista  que alejaron a Violeta de la gente. Aunque como algunos lo han dicho, cuando "Violeta se fue a los cielos"  pocos la iban a escuchar a su carpa.

Violeta se merece los homenajes, su cancionero es de una sabiduría y pureza brutal, enormes poemas convertidos en rústicas canciones y un discurso coherente que a 44 años de su muerte sigue teniendo la misma consistencia. Pero un tema es el homenaje y la admiración a su obra y otra cosa los tributos y el uso de su nombre para parar artículos sobre movimientos musicales y solventar carreras emergentes o poco creativas (¿entendió Sabina Odone?). 

No puede ser que cualquier jovencita que agarra la guitarra la cataloguen de cantautora y heredera de Violeta, y a los menos hay que saber la distancia entre una nueva versión (que las hay) y otro cover oportunista (que sobran). 

El homenaje es una vía para reconocer el legado y cada cierto tiempo es necesario para la memoria cultural, sin embargo no hay que perder el frente y definir que se trata de  admiración por el artista original y no la única manera para vivir de la música. Difícilmente un tributo va a ser más importante que el homenajeado pero durante décadas los discos de Violeta estuvieron descatalogados mientras sus hijos y otros tantos grupos generacionales grababan sus composiciones.

No es un problema con la cinta de Andrés Wood ni el disco homenaje que anunció su nieta Javiera pero la serie de homenajes a Violeta Parra tiene mucho de aprovechamiento, porque al final esto también es negocio, es el uso de una marca y su contenido. Entonces en cartelera, la radio y tele hay más shows homenajes y tributos a la cantautora que la propia Violeta, a quien se le debía un salón en el CCPLM, una película y la reedición de sus discos, pero que aún entre mitos (amores, política, familia) y tributos (libros, obras de teatro, conciertos y discos) parece más un referente que una artista a la que habría que escuchar más. 

Este negocio del tributo no se diferencia mucho de esas bandas de imitadores de Gun´s  N Roses, Metallica, Fabulosos Cadillacs que tocan en bares, o los concursantes en programas de televisión que imitan a Juan Gabriel o Madonna. Violeta también es pop y es un valor que la imiten, pero ojalá todos estos que hacen carrera con sus canciones logren un mínimo grado de honestidad como lo fue Violeta, y de paso hereden un poquito de creatividad,  por favor. 

La mejor manera de homenajear a Violeta es la reflexión en torno a su obra, en lo que dijo y la manera en que eligió vivir y morir en un país que, por intereses creados, ha tardado décadas en valorar su historia. El resto se divide entre los colgados "de siempre" y quienes han reinventado sobre sus composiciones nuevos instantes de música, todo eso que separa una buena versión de otro típico cover y el homenaje de un simple negocio. 

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