27 abr. 2010

ALTAZOR 2010: UN CÓCTEL POR LA MÚSICA CHILENA

La impopularidad y falta de convocatoria de los premios Altazor es el mejor ejemplo del lejano y triste rol de la música en nuestra sociedad. Una premiación que sólo alimenta el ego de una clase acomodada que controla el directorio de la organización (SCD) que no importan al gran público ni a los interesados en la música.
"Los Premios son decididos por un Colegio de Premiación cuyos integrantes son exclusivamente autores, artistas y realizadores artísticos" dice la SCD, y el concepto es "los pares premian a sus pares". Pero lo que más se recuerda del evento es el cóctel, para el encuentro entre sellos, estrellitas musicales y reporteros sin pauta. Y no es que está sea la premiación más importante para los artistas, sólo que es la única.
Poca representación popular e incluso tremendas incógnitas artísticas en muchos de las obras nominadas, que por una u otra razón aparecen en la selección. Pero ninguna obra vende un ticket o un disco más por ganar un Altazor, la influencia del galardón dura los 30 segundos que el ganador tiene para decir lo que quiera por tv abierta, en una ceremonia que tiene menos glamour y arte que graduación de cuarto medio.
Un premio asignado entre colegas musicales no le importa a nadie más que al ganador, que por último podría colgar un galardón en su mueble preferido, porque quizás sea lo único y más tangible que reciba en toda su trayectoria. Pero en la realidad, en el verdadero mundo de la música los únicos que premian son el público, el que honestamente le entrega aplausos, paga una entrada y valora alguna de sus obras.
Ese grupito de artistas que se premia entre ellos tiene muy poca relación con la gente común y las corrientes musicales que se viven, sólo se representan a ellos mismos y a su clase 'artística', amparada en un sindicato de músicos que pasan más tiempo en el Congreso que haciendo conciertos.
Este tipo de eventos intracendentes sólo sirven como datos para distraernos e identificar todo eso que aún falta reconocer y cambiar, como saber que en Chile ha sucedido y pasa mucha más música de la que alcanzamos a reconocer, y que probablemente ignoramos por la falta de interés o porque en los intereses de otros está hacernos creer que lo mejor de la música chilena está reconocida en un evento como este.
En los Altazor donde sólo los votan los 'pares', entre artistas que quizás jamás se han escuchado o compartido en vivo, salvo en las reuniones del sindicato. Por eso el 2009 ganó Alexis Venegas en una categoría que aparecía 'Témpera' de Manuel García, sino no se explica la falta. Y por eso este año aparece una banda como Difuntos Correa junto a Américo y De Kiruza en la categoría 'Pop' (VER NOMINADOS). Y para tener en consideración, el premio lo han ganado Fernando Ubiergo (2001), Eduardo Gatti (2003), Cecilia Echeñique (2002 y 2004), Quique Neira (2006), Denisse Malebrán (2008) todos miembros del directorio de la Sociedad del Derecho de Autor, lo que no debería ser impedimento para no ser nominado y ganar, pero no dejar de ser curiosa la relación entre los artistas que votan, nominados y compañeros de gremio en el sindicato (entre quienes votan están Claudio Narea, Angelo Pierattini, Pablo Ilabaca, Magdalena Matthey, Claudio Carrizo, Soledad Guerrero, Pablo Herrera, Keko Yunge cercanos al directorio SCD).
Los Altazor tienen muy poco que ver con la música, con lo que está pasando en verdad, porque es un error tratar de vestir de glamour a una escena que no la tiene, tampoco es un evento trascendental ni más influyente que otro, aunque nos insistan que es el "premio más importante" mientras no existe otro. Y da lo mismo quién gane este año y el próximo, si tampoco importa quién ganó el año anterior. Pero hasta cuándo nos va a tratar de hacer creer algo que no es, o de engañar a la gente a través de la televisión y los medios que cubren (más bien, copian los comunicados sin un grado de duda) que está es la música chilena 'del año', porque no necesariamente lo es, y quizás tampoco lo será.
Si quieren premiarse entre pares los músicos deberían ir más a conciertos y pagar la entrada para ver a su 'par', esa es la única verdad que importa antes y después de todo esto. A la música no basta con sólo regalarle premios, hay que vivirla también.