2 feb. 2010

CHILE BICENTENARIO: LA CULTURA A LO GRANDE

Dos marionetas gigantes provenientes de Francia invaden la capital chilena. Miles de personas salen a la calle y los medios de comunicación transmiten cada momento del auspiciado montaje de la compañia Royal Deluxe. ¿Arte, cultura o simple entretención? para un país donde cualquier persona que tenga un rostro en la televisión es artista y el impacto de los movimientos culturales se mide por popularidad, la respuesta es un incierto debate entre pequeños y gigantes gestores, artistas y comunicadores.
Me pregunto si esto será más cultura, arte o entretenido que un desfile de Disney en las calles de Santiago traídos desde Estados Unidos. Acá hay mucha imaginación para inventar un cuento tan interesante que hace que la visita de la Pequeña Gigante o la foto de Tunick son las mayores expresiones artísticas que se pueden imponer en el Chile actual, culpando a nuestros creadores por su arte limitado y a la televisión por permitir que las bailarinas de discoteque tengan más reconocimiento que artistas con décadas de trayectoria marcando identidad en un país que necesita de referentes. Y claro que la cultura popular chilena cuenta con gloriosos representantes, pero su obra es para la elite que puede pagar por sus obras. Pero para entregarle cultura al pueblo chileno traemos unos maravillosos muñecos desde Francia pagados en euros. Un trabajo increible, digno de admiración como el que presenta la producción de la Royal Deluxe, pero que con estos gigantes y su impacto me hace sentir en un país mucho más pequeño.
Los medios de comunicación, con libro de sinónimos en mano para poder rellenar las horas de transmisión en vivo y tratando de traducir torpemente la conversación con los actores franceses. Una cobertura envidiable, sólo comparable con la elección presidencial, la Teletón y el Festival de Viña. ¿Será que no hay más información y que el fenómeno de Los Gigantes, del que son responsables, es una sana manera de distraer al espectador frente a algo que no se quiere discutir? Pensando en el factor editorial de los canales y la contingencia, hay demasiada información que se nos escapa o se esconde.
Como ocurre tradicionalmente en el mes de febrero con el Festival de Viña, en otro costado del espectáculo, un evento en baja que cada año se convierte en el salvavidas mediático de la televisión y la prensa escrita, que no tiene -o tampoco busca- más contenido que lo que sucede en torno al evento viñamarino y sostiene su pauta de 28 días en lo que sucede (y no) durante una semana en la Quinta Vergara.
Y más o menos prensa para lo que sucede en regiones y conciertos en Santiago, visitas internacionales que se consumen los espacios de la cartelera y opacan el movimiento local. Y se inventan noticias para salvar el día, como las nunca cumplidas presentaciones de Britney Spears, Hanna Montana y U2, entre otros titulares que nadie desmintió y que como la mayoría de las cosas que se publican, se olvidan. ¿O es que alguien va a ir a reclamar al diario LaTercera si el disco de Javiera Mena no sale en abril como se anunció, o si Tiro de Gracia nunca publica el disco que, según el mismo diario anunció, estan grabando? Finalmente qué es información y qué es noticia, lo que le interesa a un editor, a su equipo periodistico o lo que un encargado de comunicaciones consigue publicar. Lo demás es lo que la gente logra reconocer, ver y escuchar por su propio interés.
Pero qué es arte, cultura o simple entretención, una serie de ideas, gestión, inversión, propuestas, convicciones e identidad, en un mundo globalizado mirado desde un país pequeño, joven y lejano. Un Chile que paga lo que ningún otro por ver lo que de lejos se ve (por Madonna o porque podamos ver a la Muñeca Gigante) pero que no es capaz de pagar más de lo que cuesta una cajetilla de cigarros por un concierto, una pintura, un disco o una obra de teatro local, porque no le interesa, no se identifica o tampoco se ve representado. ¿Lo gratuito es cultura, y lo que se paga es negocio?
Finalmente todo esto se trata de comunicación, roles y mensajes, más o menos relevantes y/o representativos. Con una permanente lucha de intereses, auspiciadores y gente que mover, para hacer un negocio más rentable o en algunos casos, un obra que instale una nueva discusión y otro punto del que se puedan abrir más puertas de participación y acceso a la cultura, una que nos motive, envuelva, represente y haga reaccionar fuera de lo que los medios tradicionales son capaces de mostrar. El problema es acá hay un tema de raíz en la educación y en que la televisión sigue siendo el mayor referente artístico para la mayoría de nuestro país. Por eso es la clave está en el mensaje, qué se dice, cómo se quiere decir y a quiénes se lo estamos haciendo llegar.
Lógico que esto no es medir ni comparar la entretención de Yingo con la Pequeña Gigante, está claro que cada quien marca lo suyo entre las personas, pero acá hay un debate que es mucho más grande, de pequeños y gigantes chilenos que quieren emocionarse e involucrarse más con lo que mueve, identifica y se hace en el Chile de hoy, un país que no debería estar celebrando su Bicentenario con 2 gigantes traídos de Francia, sino que debería estar reconociendo y conmemorando a todos esos grandes que hicieron posible llegar hasta acá.
Si el mensaje de la Royal Deluxe era recordarnos lo pequeños que somos, la obra cumplió su objetivo, o si simplemente era un lindo panorama para ver en verano, también lo fue. Pero si la idea fue hacernos creer que somos un país más "cultural" e interesado en las artes desde ahora, está millonaria inversión merece una evaluación que no depende de cuántos asistieron, sino de cuántas personas están dispuestas a seguir movilizados y participar de la cultura, las artes y la entretención en Chile, un país de pequeñas expresiones que requieren de mayor atención, descentralización, debate y de más gigantes gestionando, creando y comunicadores que sean capaces de ir más allá de lo que un comunicado de prensa les dicta. Y de una vez por todas marquemos la diferencia entre lo que algunos intentan justificar en nombre del arte y la cultura convertida en negociable entretención.

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