29 nov. 2009

La Cultura que se paga en Chile

El arte y la cultura no es un poder patrimonial de ninguna clase política pero si su gestión. El poder está en cúpulas de autodenominados gestores culturales, productores de eventos que nos quieren hacer creer que por paralizar la Alameda con una muñeca gigante -traída de Francia- la gente se culturiza y aprende, pero se equivocan, el resultado sólo es sólo entretención. Como los archivos reprogramados del Discovery Channel que repiten en la Cultura Entretenida de TVN.

Y crear dos nuevos centros culturales en la avenida principal de la capital no es necesario si la programación va a seguir definida por los intereses del directorio a cargo, asignado por responsabilidades políticas y no necesariamente por experiencia o conocimiento en la materia. El Centro Cultural de La Moneda tiene más guardias que público y se está construyendo a unas cuantas cuadras el Centro Cultural Gabriela Mistral, ¿habrá tanta identidad, cultura, artistas y espacio para difundir todo esto?

Las fiestas de la cultura con los mismos artistas que participan en campañas políticas y que se hacen los satisfechos en los cocteles del Palacio de Gobierno. Inti Illimani tiene más historia y méritos que cualquiera de las otras bandas chilenas, pero hay 2 agrupaciones y sólo una es la convocada en eventos gubernamentales ¿y cuándo es el recambio? Y claro, si son los gestores culturales y managers de estos artistas que producen estos eventos y seleccionan a los grupos, los mismos productores que cada 4 años programan los eventos artísticos de la campaña presidencial.

Así nos vamos a pasar la vida cerrando fronteras entre Los Huasos Quincheros en eventos municipales del Barrio Alto y los Inti Illimani en los eventos populares que organiza el gobierno. Y si se habla de que la cultura es de izquierda ¿por qué no contratan a Sol y Lluvia para los carnavales culturales? de seguro tienen mucha más representatividad que gran parte del cartel que proponen cada año. Pero la conclusión de la organización es que asisten miles de personas, sin embargo el balance no considera que ese mismo público no se moviliza en actividades culturales que no son gratuitas y que la gran mayoría del arte que se produce en Chile es autofinanciado, marginal o para las elites, sin embargo se desarrolla por méritos propios y su evolución no está sujeta a los números que celebra el gobierno en torno al consumo de Cultura (según las encuestas en alza).

La cultura no es una tema de plata, es un punto de creación y representatividad de un grupo de ciudadanos, por eso en la televisión se hace cultura apuntando a la entretención, que depende del dinero. Pero lo que hacen los artistas es mucho más consistente que eso, apuntando desde los intereses propios hasta la movilidad social, identificando a una decena, miles o millones de interesados con las obras, el arte, las expresiones y propuestas. Si hay artistas que tienen la ventaja de vivir con lo que hacen es un éxito, principalmente en Chile, pero hay una mayoría que tiene que convalidar otros trabajos para poder seguir desarrollando en paralelo su vocación artística, y no hay nada de malo en lavar platos y luego subir a cantar en el escenario de un bar si logras hacer lo que te gusta y mantenerse con eso, lo malo está en cuando todo lo que se hace se está pensando con el objetivo de acceder a poder o por más dinero.

El público participa pero no se hace parte en el desarrollo de las artes en Chile. Se calcularon 50 mil personas en el evento del Día de la Música con un cartel de artistas que, salvo 4 excepciones, no actúan para más de 100 personas en la Sala SCD. El éxito del evento no es por el arrastre de personas, sino que lo podremos medir cuando los artistas que fueron presentados ahí logren capitalizar algo de esa exposición apuntando a que alguna vez tendremos un movimiento real en torno a la música local. Por ahora la realidad demuestra que hay una clara diferencia desde las audiencias para los artistas extranjeros y los nacionales, por los primeros se pagan un mínimo de $20 mil pesos por un ticket y por un grupo chileno la costumbre es no pagar más de $5 mil, y ni siquiera es un tema de la calidad o de costos, hay artistas locales con mucho mejor espectáculo que otros publicitados eventos internacionales, el punto está en la conciencia local, de desmerecer culturalmente el trabajo que se hace en Chile. Y eso no es única responsabilidad de los medios, también en los propios artistas, que han tranzado y vendido sus almas al poder, como Los Huasos Quincheros en el gobierno militar y algunos de los pupilos que protege la Concertación. Artistas que en vez de actuar como provocadores son acomodadores de un sistema.

Hace 2 años el Ministerio de Cultura fabricó 2.500 CD´s que donó a la ARCHI (Asociación de Radiodifusores de Chile), álbum compilatorio de música chilena con canciones de Schwenke y Nilo, Luis Orlandini, Andreas Bodenhofer, Ángel Parra, Roberto Parra, Magdalena Matthey, Francesca Ancarola, Carmen Prieto y Claudio Narea. La Ministra dijo "Contribuye a posicionar nuestra música en la parrilla programática de las radioemisoras, en las que por lo general predomina la difusión de la música extranjera". Un ejercicio que de nada sirve, porque la música no se debe imponer (como lo hizo la Junta Militar) por el hecho de ser chilena o porque tienen una simpatia con el gobierno de turno.

Acá tiene que ocurrir un cambio, necesariamente político, para poder hacer mejores reformas al tipo de educación que se hace en Chile, con docentes que no sólo sepan entregar libros y técnicas de estudio, personas que logren transmitir conocimientos y agitar los estímulos de los alumnos que desde niños despiertan habilidades artísticas. Que las salidas de la escuela no sólo sean para ir al museo o ver una obra para estudiantes, hay que ir más allá y fomentar más actividad que horarios de estudio. Pero también necesitamos mejores promotores para esto, con Quique Neira hablando a nombre de los músicos es bien difícil comenzar a ponerle atención y tomar en serio esto.

También hay un rol de los medios de comunicación, que tiene la misión de abrir sus pautas e informar más de lo que lógicamente promueven. Basta con ver los suplementos de espectáculos en cualquier otro país para tomar ejemplos, y si en Santiago alguien empieza a capitalizar toda la actividad que ocurre semanalmente de seguro sería un aporte, aunque si no hay interés de los lectores será otro intento fallido por difundir que en Chile también pasan cosas. Hay salas de teatro, conciertos, cine, librerías y otros puntos de encuentro que se podrían reconocer. Pero como todo en Santiago, las agendas que actualmente se publican en Chile son pensadas para las elites, con eventos y precios para gente que puede pagar por esta ahí.

Pero principalmente hay que despejar el área de ciertos personajes de la Gestión Cultural chilena, que tienen todo concentrado en su círculo. ¿Cuánta tontera no se les ha ocurrido a nombre del Bicentenario? muchas, y millones del Estado que se pagan por su gestión, que finalmente pone en actividad a unos pocos. Me refiero a gestores culturales que llevan años con el poder de elegir qué es el arte que el Estado promueve en Chile. Y espectacular poder haber visto a la Royal Deluxe en Chile, pero con todo lo que se invirtió en negociación y producción mucho más se pudo haber hecho por esos artistas que hacen cultura en nuestro país y que sin ganar un peso describen el patrimonio cultural de un país pequeño, lejano y que vive ajeno de las grandes manifestaciones artísticas, no porque no las posee si no que aún no somos capaces de reconocer, valorar y mostrar.

Caminar por las grandes capitales del turismo es darse cuenta de que en cada uno de sus rincones hay arte, cultura y identidad local, eso es lo que en Chile no está claro y que la gestión cultural descuida, porque sus carnavales, Teatroamiles, fiestasdelasculturas son eventos que no producen más que agradable tarde de en familia lejos de la televisión, el medio "artístico" más influyente y representativo que todo lo que podamos decir. Por ahora los miles que asisten a estas fiestas masivas regresan a casa para ver Morandé con Compañía y se le olvida la tarde cultural, ese es un problema que los gestores culturales no toman en cuenta y no les importa, porque ya cobraron, cumplieron y los números les dice que su gestión fue un éxito. Estos son los que hacen la cultura por plata.