30 jul. 2009

TELONEO A TUS PASTELES

Cada vez me hecho más enemigo de los teloneos, casi nunca son merecidos y me asusta que se trate de imponer como regla para los conciertos internacionales como algunos han propuesto. Y aunque defienda a mucha música chilena que me gusta no sé si sea tan válida la formúla de exponer a los grupos locales a la misma técnica que trae una banda mundial como U2 o Madonna. ¿Qué hacia Casino abriendo para Radiohead? No sé quién queda peor, si la banda, la productora que los puso ahí o la música chilena que no tuvo la opción de un mejor representante que no fueran los ya institucionales The Ganjas en los eventos DG Medios. ¿Y qué dice la prensa? Ninguno cuestiona la incorporación de estas bandas a los megaconciertos que llegan al país ni tampoco comentan en su crónica el paso por el escenario del telonero local (tal vez porque normalmente ocurren mucho antes que la llegue de la mayoría del público y periodistas a los conciertos). Por lo que dudo que un tolenero gane con una presentación, primero por la poca repercusión que tiene estar ahi frente a un público que compró un ticket para ver a un grupo o solista internacional, y porque las condiciones que enfrentan son normalmente desfavorables. ¿Alguien recuerda que Santa Locura abrió el show de U2, que Sien y Solar estuvieron junto a Soda Stereo en el Estadio Nacional, que Los Barracos tocaron antes que los Rolling Stone, Los Tetas junto a Marilyn Manson y que Chancho en Piedra estuvo en el SUE con Bestie Boys? No recuerdo un solo caso de teloneo en el país que haya sido útil o provechoso para la proyección o progreso de una banda nacional, ninguna, salvo para el curriculum más personal de los músicos que podrán decir "haber tocado junto a", y que de paso será lo más revelante que pudo haber hecho en un escenario al fin del mundo. Entonces los teloneros locales no pueden ser una obligación sino más bien, quizás, una opción dependiendo el caso y la ocasión, para un artista o banda que sea un show útil para probar su manejo ante otras grandes masas y a la vez reubicar sus condiciones y proyección. Una cosa es tocar en La Batuta y otra muy distinta ante 15 o 50 mil personas.