18 feb. 2008

El Festival de Viña del Mar

El eterno e innecesario debate sobre la programación de espectáculos en el Festival de Viña del Mar no es más que el reflejo de una pauta en medios bastante reducida y carente de argumentos. Se dice que es un cartel "repetido", "fome", "predecible" y "que ya no es como antes", y lo mejor del certamen es lo que se produce debajo del escenario. A muy pocos le importa señalar que este nació y ha sido un Festival de la Canción, donde lo más importante era el talento y las grandes interpretaciones. Sin embargo, la falta de profesionales dedicados y críticos permitió que los animadores de TV les empezarán a hacerles la pega, y llegó la farandula y todo el circo de Broadeyes para que poco a poco el certamen y las canciones hayan ido perdiendo relevancia.
A nadie le importante si es Dyango o es su hijo menor, o si es Julio Iglesias o el quinto hijo no reconocido quien sube a cantar. Se olvidaron de "tantas canciones buenas", le han quitado valor a la definición de "artista", han desperdiciado talentos y botado un montón de oportunidades para definir a este evento como un festival internacional de categoría.
Finalmente este es un evento que se arma entre lo que los sellos quieren y las productoras pueden. De nada sirve esos viajes internacionales de la organización que sale en "búsqueda de figuras", si al final no regresan con ningún contrato firmado y llegamos a febrero con lo mismo que en los últimos años.
No se trata de armar un Lollapaloza en Viña del Mar. Hay que tener claro que este es un festival de música popular, con canciones que puede cantar la abuela y la nieta, pero tampoco se puede seguir permitiendo tanta falta de respeto por las canciones, los buenos artistas y por el público, y poner en pantalla a los grupos televisivos de las dos señales que lo transmiten, Amango y Six Pack, que no saben lo que es un espectáculo de este calibre y terminaran dejando ciegos a esos adolescentes por las luces.
En la balada popular, artistas como Marco Antonio Solis, Franco de Vita y Chayanne han producido, probablemente, algunos de los mejores estribillos de habla hispana. Y aunque para algunos sea mucho más atractivo analizar el marketing, la imagen o carisma que adornan sus respectivas trayectorias, son las canciones el principal soporte de su vigencia musical. Y esa será, por siempre, la principal diferencia entre figuras como Chayanne y una Nelly Furtado, que sin la claridad de sus estrategas sería una estupenda guía turistica en una playa exótica del caribe (y prefiero no especular lo que hubiese pasado con gente sin un mínimo de talento, como Paulina Rubio y Lucero).
Un Festival de la Canción debería poner mucho más cuidado en la selección de las canciones para una competencia que aspira a tener categoría internacional. Pero además debe capitalizar a los mejores exponentes de la canción hispana actual, como Laura Pausini, Ana Gabriel, Juanes, Eros Ramazzoti o Myriam Hernández, artistas que entralazan argumentos de calidad, talento y popularidad continental.
Pero es una verguenza insistir en una categoría internacional con un cartel tan pobre, donde sus figuras más internacionales son Eart Wind and Fire, Journey y Peter Frampton. Del pop anglo, sino es Madonna, U2 o The Cure no es popular ni transversal para un país como Chile.
Tampoco hay un representante local trascendente, ninguno de los 10 grupos más importantes del país fue considerado y Sinergia está más cerca del humor que del rock moderno.
Y Miguel Bosé, tan adulto, bacheletista y ambiguo, que ya no puede cargar su ego ni su enorme panza, vuelve para cantar todos esos éxitos que tantos nos recuerdan a los tiempos de Pinochet. Seguramente será homenajeado por sus 30 años de historia musical. Nada de raro, si hasta Emilio Estefan tiene un premio entregado por la organización del Festival (gente que nunca ha pensado en un homenaje a Violeta Parra, por ejemplo).
"Yo nunca jamás juzgaba una canción como buena o mala, para mí sólo había distintas clases de canciones buenas" dijó Bob Dylan. Probablemente este festival tenga muchas canciones que entran en esa categoría, sin embargo, habrá que buscar un término que distinga a las buenas canciones de Vicentico de las del resto. Aunque tal vez las canciones del ex Cadillac`s brillen por si solas y no necesiten un defensor que se dedique a repetir "lo bueno que es Vicentico" y "lo superiores que son sus canciones en relación al resto del certamen".
Yo no soy un crítico absoluto del Festival de Viña del Mar, creo que es estupendo como espectáculo televisivo, pero como a mi me gustan las canciones y un tipo de canción "buena", este año no hay nada que considere atractivo (Vicentico lo vi tres veces en el 2007). Y se puede ser feliz, trabajar y divertirse sin el Festival de Viña, hay que sólo decidir qué escuchar y bailar un buen disco en casa o una fiesta.
Probablemente esta edición tenga la peor programación musical en años, pero al menos es una semana de morbo, show y cahuines que darán que hacer a la prensa de espectáculos que se pasó todo enero y las últimas dos semanas esperando este momento. Y tal como en tiempos de régimen militar, el Festival de Viña es una herramienta para distraer a los lectores y evitar una pauta que pueda molestarle a algunos. Acaso, ¿se olvidaron que Alejandro Sanz no puede cantar en Venezuela porque no le gusta el presidente? o que el tema de drogas en rock no sólo es un asunto de Britney o Amy, ¿o en Chile eso no existe? (Me dicen que es un tema privado pero no les creo, acá tienen miedo a preguntar y imponer un tema así en su pauta).
Es triste, acá los buenos artistas sólo sirven muy vividores o muertos (y muertos en desgracia). Y aunque las buenas canciones sobreviven hay algunos que estan dispuestos a existinguirlas, si es necesario, para salvar unos puntos más de sintonía. Este miércoles comienza una nueva versión del Festival de Viña del Mar y aún nadie dice que Six Pack va porque lo exigió TVN y que los chicos no tienen ningún talento, y que gran parte del show internacional son las sobras de tours y giras que le han vendido a las grandes productoras. Pero claro, "eso a nadie le importa", y suban el volumen que Calle 13 trae el ritmo "de moda" y un par de mujeres sin mucha educación y ambiciosas se sacarán la ropa para promocionarse. En eso han convertido este festival, un festival de la canción con muchas canciones pero sin grandes sorpresas ni talentos desbordantes. Pero es el show que Chile necesita para distraerse un rato antes que llegue marzo.
El Festival de la Canción de Viña del Mar es lo qué sucede entre el año nuevo y el ingreso a clases. Aunque luego nadie recuerde las canciones, los artistas ni sus vacaciones.