19 ago. 2007

Ojo con la Música Chilena


El Catalogo no reconocido de la música chilena




El desvanecimiento de la industria discográfica pronostica la perdida definitiva de un centenar de obras clásicas y contemporáneas de la música nacional. Desde Violeta Parra a los Christianes entre los discos chilenos descatalogados. Parte de la herencia y el patrimonio puede desaparecer por simple negligencia comercial.


El cierre de los departamentos de A&R en las compañías de discos multinacionales trajo consigo no sólo el finiquito de contratos entre bandas y los grandes presupuestos de producción, sino que además la perdida de un actor importante para lo que sería la recuperación de un importante catalogo de música nacional.


Probablemente varias obras publicadas en los últimos cinco años por artistas locales a través de sellos grandes desaparezcan definitivamente de los puntos de distribución comercial en menos de un año. Basta con esforzarse en encontrar los debuts de Saiko (EMI- 1999), Mamma Soul (EMI- 2000), Supernova (BMG – 1999) o Glup! (BMG -1999) para darse cuenta lo difícil que puede ser llegar a conseguir obras atractivas con una década de vida como “El Resplandor” de Carlos Cabezas (EMI) y “Victimized” de Criminal (BMG). Salvo algunas excepciones como Chancho en Piedra, Los Prisioneros, Los Tres, Lucybell, La Ley, Los Tetas y Joe Vasconcellos que si han sido reeditados dentro de ciertas campañas temporales para recuperar cancionero, la gran mayoría de los registros se han desvanecido limitados a una primera edición. Sucede con discos de Solar, Los Ex, Nicole (80 mil copias de Esperando Nada, 1994), Venus, Jorge González, Gondwana (90 mil copias del debut, 1998), Upa, Sexual Democracia, Javiera y Los Imposibles (20 mil copias de Corte en Trámite, 1995), Peores de Chile (10 mil copias del debut, 1994), Andrés de León, Gonzalo Martínez y sus Congas Pensantes, Paul Barreux, La Pozze Latina, Canal Magdalena, Santo Barrio, Sol Azul, Tatiana Bustos, Mauricio Redóles, Contradicción, La Rue Morgue (30 mil discos del debut, 1996), Santa Locura, Aleste, Bambu, Jano Soto, Dolce Vita, Pánico, Machuca, Santos Dummont, Makiza, Tiro de Gracia, Zaturno y Tapia Rabia y Frecuencia Rebelde son licencias que pertenecen a etiquetas multinacionales, y de ellos depende su reinserción en el mercado. Y esto no es exclusivo para el rock; discos multiplatino de Myriam Hernandez, Ariztia y La Sociedad son imposibles de conseguir.
Algo que no distancia mucho de los registros de sellos independientes como Background (el compilatorio con los debuts de Sien, Shogun y Luna in Caelo o el primer álbum de Los Mismos) y Fusión (“Desiertos” de La Ley hasta el primero de Elso Tumbay).



Las grandes perdidas en la industria del disco en el mundo trajo consigo el fenómeno internacional de las reediciones para muchos clásicos del rock con ediciones de lujo o nuevos compilatorios, formula que reactivo en parte la producción y venta de CD`s. Sin embargo la estrategia sólo fue pensada para figuras de la canción italiana o bandas anglo, porque resulta inimaginable que EMI se interese en reeditar un disco como “Ultrasol” de Christianes, que con los años ha cobrado más valor del que tuvo al momento de su publicación en 1995. De ese álbum se extrae una de las canciones más populares del nuevo rock chileno “Mirame Sólo una Vez” que hasta hoy reporta derechos de autor al ahora creador de Shogun, Cristian Heyne. O casos inéditos como “Chica Eléctrica” de la Pozze Latina (1998) y la primera generación de Supernova (1999) imposibles de conseguir en edición original.

Más curioso resulta saber que sólo existen 2 álbums compilatorios del rock nacional de la década noventa y unos cuantos con los hits de los 80`s. Pero más extraño aún es comprobar que no todos los discos de Violeta Parra han sido reeditados y que sino se hace mucho esfuerzo lo más probable es que sólo se consigan registros compilatorios de su obra.

A diferencia del rock argentino donde persiste un constante trabajo discográfico por reeditar, compilar y reponer obras, Chile vuelve a fallar en materia comunicacional (artistas y editoriales) y culturalmente (público y puntos de venta). El cancionero popular no se desvanecerá tan fácilmente porque hay maneras de digitalizar, copiar y exponerlo, pero existe un problema de acceso que aún resulta confuso para hacer evaluaciones.

Quizás sea imposible comenzar a reeditar todos los discos mencionados anteriormente, pero tal vez si existan intensiones como las de recuperar algunas canciones y publicar nuevas antologías de la música popular, donde canciones efectistas y generacionales como “Atrévete a Amar”, “Dame Luz” y “Maldito Amor” puedan rejuvenecer, y el reconocimiento de clásicos recientes como “Sacar la Basura”, “Cicciolina” y “Amor a la mala” pueda permanecer en el tiempo. Pero se requiere demasiado esfuerzo, de artistas, de ejecutivos, periodistas conocedores, editoriales e incluso representantes legales de algunas fundaciones, y en “el país de los consensos” todo se observa como ajeno.

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